Año XXIV Núm. 136 / Setiembre - Octubre 2009_________ 28-Sep-2009 15:45
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_____Revista Oficial de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo

   
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Comportamiento
Eco Amigable


CÉSAR THAMES, CONSULTOR ECO SOLUCIONES
CONFERENCISTA DE LOS SEMINARIOS PROFESIONALES EXPOTUR 2009

Quizás el título de este artículo hace unas cuatro décadas, no hubiera tenido relevancia, pues aun cuando en países como Costa Rica se iniciaba el movimiento ecologista, entonces la preocupación giraba más en torno a la defensa de los bosques, para evitar su acelerada desaparición.

Sin embargo hoy el tema resulta fundamental, ante los imperativos ecológicos actuales que exigen un comportamiento colectivo e individual, enfocado a nuestra supervivencia, por la vehemencia del calentamiento global o efecto de invernadero, cuyos indicadores nos alertan sobre la necesidad de asumir acciones inmediatas, denominadas buenas prácticas en todos los ámbitos del quehacer humano, social, empresarial y educativo.

De ahí la urgencia de cambiar patrones tradicionales de consumo y, de asumir un comportamiento amigable respecto a la salud y el ambiente en cada hogar, en los centros educativos, en las instituciones y empresas. Se trata de internalizar valores y actitudes cotidianas, como simples cambios o patrones de consumo, en concordancia con el denominado desarrollo sustentable, cuyo paradigma fundamental establece que las sociedades modernas deben aprovechar los recursos naturales, sin poner en riesgo o generar carencias a las futuras generaciones.

Este es un enunciado vital, que orienta las políticas y programas del desarrollo humano, cuando la humanidad vive como nunca antes las previsiones visionarias de aquellos pensadores que nos advirtieron sobre los límites del crecimiento, los miembros del Club De Roma, en 1972, cuyos cálculos del todo no resultan descartables, pues en su segundo informe de 1992, nos pusieron un horizonte de unas cinco décadas para agotar nuestras existencias energéticas y recursos naturales no renovables, si no evitábamos las cinco tendencias que amenazan el Planeta: “industrialización acelerada, rápido crecimiento demográfico, escasez general de alimentos, agotamiento de los recursos no renovables y deterioro del medio ambiente” (Dobson Andrew, Green Political Thought, ed. Paidos, New York, 1997).

A estas previsiones se agrega el acelerado calentamiento global, con sus serias consecuencias para los ecosistemas y sus pobladores, cuyos efectos podemos resumir como: “la temperatura global aumenta, el hielo se derrite, el nivel del mar sube y el tiempo se esta volviendo loco” así lo resume la revista National Geographic, en su numero 3 del volumen 15, setiembre de 1994.

Ante estos indicadores globales debemos dejarnos de análisis, seminarios, cumbres y discursos oficiales evasivos, más bien se trata de que adoptemos una responsabilidad solidaria, acorde al slogan: “pensar globalmente y actuar localmente”, pues parafraseando un corto publicitario: “el aleteo de una mariposa en una selva africana repercute en la bolsa de Wall Street, en New York”.

Podemos empezar con la internalización de simples hábitos de comportamiento y de consumo, un cambio de actitud como por ejemplo reducir, reutilizar y reciclar los residuos generados para darles un valor agregado, en vez de enviarlos al tiradero o relleno sanitario; por cada tonelada de papel post consumo recuperada se salvan unos diecisiete árboles y se ahorra un promedio de 3.500 kilovatio hora de energía eléctrica.

Igualmente reducir el uso de automóviles, practicando el “carpulling” en las empresas, especialmente en las horas “pico”. Las empresas turísticas pueden vender bolsas reutilizables, de manta o de otro material resistente, con sus logos, para reducir la cantidad de bolsas plásticas.

Algo muy importante es no comprar artículos empacados con styrofoam, un poliestireno sumamente contaminante que abunda en el comercio costarricense y que no es biodegradable, tarda cientos de años sin descomponerse y los animales silvestres lo confunden con alimento, que provoca la muerte a delfines, tortugas y aves silvestres.

Las empresas turísticas deberían optar por las denominadas compras verdes o la adquisición de productos y servicios que sean eco amigables, para ello existe un manual de compras verdes elaborado por CEGESTI y una guía de buenas practicas, especialmente dirigidas al sector de empresas turísticas, muy útil para optar por el certificado de sostenibilidad turística -CST-.

Es imprescindible la protección del recurso hídrico y la reducción de su consumo, al igual que el ahorro energético. En Costa Rica todavía nos damos el lujo de utilizar servicios sanitarios con agua potable y, gastamos hasta 13 litros de agua potable para eliminar menos de un cuarto de litro de orines.

Según datos del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados cada costarricense consume un promedio de 180 litros diarios de agua, esto debe ponernos a reflexionar seriamente, pues en el mundo 1.100 millones de personas (18% de la población mundial) no tiene acceso directo al agua.

En las zonas centrales del Gran Area Metropolitana de Costa Rica, los usuarios residenciales pagamos menos de doscientos cincuenta colones por metro cúbico de agua potable, o sea mucho menos del costo de una botella de agua en el supermercado, esto resulta paradójico, cuando varias familias subsisten en zonas áridas de otros países con tan solo un metro cúbico al día.

También podríamos utilizar el agua llovida, que por toneladas se desperdicia en los canales de escorrentía pluvial. Otro aspecto básico del consumo eco amigable es la necesaria reducción del gasto de energía o lo que internacionalmente se llama energy saving.

Cada empresa, institución y hogar deberá revisar su consumo diario, sustituir sistemas de calefacción, aires acondicionados e iluminación por accesorios de ahorro energético, por ejemplo en lugar de bombillos o lámparas incandescentes utilizar las fluorescentes.

Hay herramientas para controlar y calcular este tipo de consumo, las mediciones de la huella de carbono, estas herramientas nos demuestran que al ahorrar energía economizamos dinero y a la vez reducimos las emisiones de carbono. Por cada kilovatio hora que se evita gastar, se reservan 0.92 kilogramos de gas de efecto invernadero (greenhouse gas reduction).

La necesidad de emplear los medios de transporte alternativos, como los eléctricos, aquellos con biocombustibles e hidrógeno y, de implementar restricciones de usos en las zonas urbanas sumamente congestionadas como las capitales es primordial cuando en promedio, cada automóvil en carretera genera 4.5 toneladas de gas de efecto invernadero por año.

Otras fuentes de ahorro energético con tecnologías alternativas son los sistemas de energía solar, abundantes en los países tropicales. No se justifica que nuestros hoteles, cabinas y otros establecimientos turísticos, no la empleen para cocinar, calentar agua e iluminar sus espacios, sobre todo durante la estación de verano, temporada de alta visitación y de gran demanda de servicios.

Las empresas de alojamiento turístico, también deberían utilizar productos biodegradables para limpieza y desinfección que sustituyan el cloro (componente peligroso cuando se usa en exceso), aplicar pesticidas naturales y los abonos agro biológicos: composta, lombricompost, bokashi y otros que no contaminen el agua y los suelos.

En la actualidad se produce el plástico oxobiodegradable, lo cual resulta una magnifica alternativa al plástico común. Este tipo de empaques tienen un ciclo de vida programado de corto plazo, según sean las necesidades de su empleo, posteriormente se descomponen y se transforman en agua y biomasa, sin consecuencias perjudiciales para los ecosistemas.

En el mercado se obtienen bolsas, vajillas, envases y una variedad de productos alimenticios en estos empaques que pueden descomponerse aceleradamente. Se están introduciendo en el mercado las vajillas fabricadas a partir de palma, denominadas Musagreen, las cuales sustituyen las hechas con styrofoam altamente contaminantes.

A lo anterior, podemos agregar la arquitectura ambiental o bioclimática adaptable a las condiciones climáticas, geográficas y culturales de cada país o región, con materiales reutilizados, reciclados, de productos certificados como la madera de plantaciones y que aprovechen la luz solar y los elementos naturales de cada ecosistema.

Existen una serie de alternativas que sustituyen el consumo anti ecológico por energías renovables e implementos eco amigables, pero además del empleo de nuevas tecnologías, se trata de asumir un comportamiento basado en una ética de solidaridad planetaria para contribuir comunitariamente a prevenir, evitar y minimizar los impactos nocivos del acelerado calentamiento global.

Con este propósito, el enfoque empresarial debe orientarse por estos principios de sustentabilidad y humanismo, a la vez que asume una verdadera responsabilidad corporativa ambiental para, garantizar el bienestar de las actuales y futuras generaciones.
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