Una doble moral oculta bajo la protección a la tortuga baula (dermochelyscoriacea), obliga a divulgar, los sutiles intereses, que convierten a esa especie extraordinaria en vías de extinción, en gallinita de huevos de oro.
El Parque Nacional Marino Las Baulas, en Playa Grande, fue creado en 1995 (Ley 7524) con el noble y único objetivo de preservar la zona de anidación de las tortugas baulas. Desde antes de su creación y hasta la fecha, esa área de desove ha sido sobreprotegida por auténticos conservacionistas con la indiscutible cooperación de los dueños de terrenos colindantes.
Muestra fehaciente de esa protección, es la existencia de una frondosa cortina protectora natural y la ausencia absoluta de contaminación lumínica y sónica a lo largo del hábitat reservado a la anidación. Esto puede constatarse si se visita personalmente y, no de manera virtual, el área de desove.
Con fundamento en la cantidad de recursos interpuestos ante la Sala Constitucional y otras instancias, por ciertas “organizaciones proteccionistas”, desnaturalizando la verdadera esencia de este Parque Marino, es de enorme interés para la salud institucional y para la seguridad jurídica de Costa Rica, que la Sala Cuarta en pleno, conozca in situ, lo que esas “fuerzas ambientalistas” desvirtúan con solapado interés.
Sería ésta, ocasión propicia, para que las y los Honorables Magistrados, con su criterio probo y justo, verifiquen a través de la observación serena en el lugar, cuál fue el espíritu que prevaleció entre los Diputados de la Comisión con Potestad Legislativa Plena Tercera, cuando aprobó por unanimidad, la Ley que dio origen al Parque Marino Las Baulas.
Es imperativo que la Sala Constitucional para resolver mejor, la serie de recursos relacionados con el Parque, solicite urgentemente a la actual Asamblea Legislativa, una Interpretación Auténtica, de la Ley que lo creó y se escudriñe meticulosamente las causas de la interpretación subjetiva de aquel Procurador que ignoró la voluntad de los legisladores de 1995 al afirmar que aguas adentro significa tierra adentro, desentendiéndose, la verdadera ubicación de las coordenadas del Instituto Geográfico, las cuales son garantía y referencias indiscutibles para corroborar sus límites. Comprobados estos, los trillados argumentos sobre rebajar la categoría del Parque, quedarían sepultados de manera automática, ya que no se puede cambiar o alterar lo que no existe en la Ley.
Si se conoce la verdadera realidad, resultará más fácil comprender el porqué de la persistencia con la que, las “fuerzas terrestres” que no protegen las tortugas en alta mar, insisten en el tierra adentro.
Las Baulas pasan, únicamente el 0,2 % de su vida en la playa y el restante 99,8 %, aguas adentro.
Al estar asegurado y sobreprotegido su hábitat de anidación en Playa Grande, es de obligación preguntar ¿por qué la última temporada arribaron solamente 27 Baulas en relación con las 2.000 que llegaban en 1980 y las 30.000 de 1965? La dolorosa respuesta es porque las Baulas están siendo exterminadas mar adentro en los palangres y las redes de arrastre, utilizadas por pescadores industriales inescrupulosos que las matan sin piedad.
¿Cuál es, entonces, la doble moral oculta en ese Parque Nacional “Terrestre” Las Baulas? La doble moral surgió con la creación misma del Parque Nacional Marino. Desde ese momento, comenzaron a proliferar personas y organizaciones “conservacionistas y ambientalistas” que vieron en las Baulas una tentadora oportunidad para escalar posiciones, lograr notoriedad e iniciar un lucrativo negocio.
Como se recordará, arrancaron con una orquestada campaña en contra de los propietarios de los terrenos colindantes con el Parque. Según esas organizaciones “conservacionistas“, esos terrenos eran la causa del exterminio de las Baulas.
Al amparo del Parque Marino y sin control alguno del Estado, esos “defensores” de las tortugas, tocan las fibras más profundas de la filantropía internacional, solicitando, donaciones en nombre de Costa Rica para rescatar los costosos terrenos que ponen en peligro la supervivencia de las Baulas y provocan su exterminio.
Las preguntas de fondo son:
1- ¿A cuánto ascienden las donaciones para adquirir esos terrenos?
2- ¿Dónde está ese dinero y a qué se destina?
3- ¿Por qué llegan directamente a sus arcas sin control del Estado y sin rendición de cuentas?
Las respuestas a estas interrogantes corresponden a la Contraloría General de la República, la Procuraduría y al Minaet, ante la Comisión del Gasto Público, en la Asamblea Legislativa.
Quizás, ahora, resulte de más fácil comprensión, las consignas y la vehemencia con las que a través de marchas, volantes, campos pagados, mascaradas, cimarronas y recursos ante la Sala Constitucional, esas “organizaciones protectoras” defienden su extremista posición terrestre y no, la urgente e incuestionable necesidad de salvar a las tortugas mar adentro, aunque esto no les rinda mayores dividendos.
Las Baulas que, aún subsisten merecen que, sin demora, vayan a salvarlas en alta mar que es donde en verdad están muriendo.
Que esas organizaciones le soliciten al Gobierno de la República, con la perseverancia que les caracteriza, la promulgación inmediata de una ley o decreto para que el Estado les proporcione a éstas, las lanchas decomisadas al narcotráfico para que puedan movilizarse a salvarlas, mar adentro. Que imiten la ejemplar labor de Paul Watson y de Greenpeace, y vayan, a enfrentar, aún a riesgo de sus vidas, a los verdaderos aniquiladores de esa especie. Solo, entonces, las donaciones que reciban por su protección en el mar, estarán realmente justificadas.
Las Baulas que rescaten y las personas de auténtica conciencia ecológica, se los agradecerán en demasía.
De la unanimidad de ese agradecimiento y de una pronta y justa resolución de la Sala Constitucional, tengo plena certeza.
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