Relevancia del turismo para Centroamérica
Dr. Pablo Rodas Martini
Economista Jefe, Banco Centroamericano de Integración Económica Información forma parte del estudio “El turismo ante el desafío de la crisis”
Lea también del mismo autor en la edición 136: El Turismo ante el desafío de la crisis.
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| El turismo receptivo ha crecido en los países de la región durante los últimos años. República Dominicana ha recibido más de 4 millones de visitantes; Costa Rica, cerca de 2,5 millones de turistas; seguido por Panamá, Guatemala y El Salvador, que captan entre 1,5 y 2 millones de turistas, y finalmente por Honduras, con cerca de 1,2 millones; Nicaragua, con 1 millón, y Belice, con cerca de 0,8 millones. |
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Las cifras de ingreso de divisas por turismo por tipo de visitante personal o de negocios muestran en todos los casos, que el primer rubro supera con creces al segundo, pero llama la atención que el gasto incurrido por personas de negocios no es marginal (Gráfica 1). Su participación es alta en los casos de Costa Rica, donde ha llegado algunos años a representar el 45% de la captación total de divisas, y en Belice, donde ha alcanzado el 40%; en los demás países ha tendido fluctuar entre el 25% y el 35%. |
El tipo de turismo está relacionado en forma estrecha con los lugares de visita. Los viajeros personales visitarán en su mayoría regiones del interior de los países, ya que Centroamérica aún no se encuentra posicionada como un destino para el turismo urbano, mientras que los segundos irán a las capitales y a algunas otras ciudades por razones de negocios, pues es ahí donde tienen lugar las principales actividades económicas de los países.
En relación a la contribución al PIB, si bien la región no tiene todavía cuentas satélites para turismo que permitan evaluar con precisión la contribución del sector hacia la producción de cada país, estimaciones realizadas permiten deducir que su participación es relativamente amplia.
En Belice, el turismo representa cerca del 30% del PIB, seguido por República Dominicana, donde ha fluctuado entre 15% y 20% del PIB; después por Costa Rica, donde ya roza el 15%; Panamá, con cerca del 12%; Honduras, casi llegando al 10%, y por último, Guatemala y Nicaragua, con valores entre 6% y 7%. Llama la atención que la contribución directa tiende a ser inferior a la indirecta al PIB en todos los países y para todos los años.
La contribución al empleo también tiende a ser elevada y creciente. En este caso el trabajo directo en hoteles o agencias de turismo tiende a superar al indirecto, que incluye sectores como restaurantes o taxis, entre otros.
Es impresionante el aporte del turismo en la ocupación que se da en República Dominicana, donde entre los dos rubros representan cerca de 400 mil empleos, seguido por Costa Rica y Guatemala con cerca de 200 mil puestos, y más abajo por El Salvador, Honduras y Panamá donde fluctúa entre 120 mil y 160 mil.
Si se toma en cuenta respecto a la fuerza laboral ocupada de los países, el orden se modifica significativamente. En ese caso, el destino donde el empleo turístico directo o indirecto es más relevante sería República Dominicana con alrededor del 12%; seguido muy de cerca por Costa Rica, con aproximadamente el 11%; después por Panamá con el 9%, y más abajo por Honduras y El Salvador, donde estaría entre el 5% y el 6%, y por último, Guatemala y Nicaragua, con valores cercanos al 3.5%.
El turismo es una actividad descentralizadora por excelencia en Centroamérica. Si bien se da el patrón que hemos mencionado arriba para el turismo de negocios, el personal busca esencialmente el interior del país. Para este turismo, la visita de las capitales constituye un punto de paso en una travesía que persigue visitar los principales destinos del interior. Contrario a lo que sucede con la industria o el comercio, que se aglomera en los centros urbanos para estar cerca del consumidor final.
De ahí que, dado que los niveles de pobreza y atraso son más patentes en las provincias del interior, es que se puede concluir que el turismo ayuda a equilibrar la actividad productiva desde una perspectiva geográfica.
Mientras la industria ha requerido de incentivos fiscales en el pasado para ubicarse en otros lugares que no sean las ciudades principales y sus alrededores, el turismo no necesita de esas discriminaciones de políticas, pues los inversionistas siguen la ruta de los atractivos turísticos del país. No habría que exagerar este beneficio geográfico, pues la distribución del turismo a nivel del interior de las naciones presenta grandes disparidades, habiendo lugares que captan el mayor porcentaje del turismo, mientras que otros casi no reciben visitantes.
Las inversiones turísticas tienen la ventaja adicional de no exigir siempre desembolsos en montos elevados. Hay destinos que se desarrollan como megaproyectos y precisan de una participación importante de los gobiernos y de cuantiosas inversiones privadas; el desarrollo de Cancún en México sería un ejemplo de este tipo de proyecto turístico. Esto, sin embargo, tiende a ser la excepción más que la norma. Lo usual es que los polos turísticos se vayan desarrollando de manera gradual, que las acciones públicas se vayan mezclando con las privadas, y que surjan tanto hoteles pequeños, medianos como eventualmente grandes. Esto se acopla muy bien con la naturaleza de países en desarrollo como los centroamericanos, donde los gobiernos carecen de una participación masiva en la economía, y el sector privado tampoco dispone de recursos ingentes para invertir.
En el plano laboral, el turismo también tiene la particularidad de prestarse mucho a la dotación de mano de obra con que cuentan los países. Dado que en Centroamérica –con la excepción de Costa Rica- abunda la mano de obra poco calificada, seguido por la semi-calificada, la oferta turística reacciona con prontitud y proporciona empleo para este perfil laboral.
En la medida en que los países van contando con una disponibilidad laboral más calificada, es posible que ofrezcan alternativas turísticas más avanzadas. Costa Rica es un buen ejemplo, pues cuenta ya con una oferta más sofisticada que el resto. Esto es posible, en gran medida, por disponer de segmentos laborales con mayor calificación. En los otros países la hotelería, los restaurantes, los taxis, la artesanía, por ejemplo, proporcionan empleo a una gama amplia de trabajadores, donde una mayoría encajaría en la clasificación de mano de obra poco calificada o a lo sumo semi-calificada.
A nivel centroamericano es importante destacar que el turismo hacia un país tiende a ser complementario más que sustitutivo respecto a otro. Es decir, un turista europeo o norteamericano seguramente optará entre venir a Centroamérica o ir al Caribe o a Sudamérica, siendo así destinos competitivos. A nivel de la región, sin embargo, el turismo sería más bien complementario, pues si bien todavía habrá competencia, también hay elementos de complementariedad, máxime entre países fronterizos.
Por ejemplo, quien tiene como destino principal las Islas de la Bahía, puede que también desee visitar sitios arqueológicos no solo en Honduras, como Copán, sino también en Guatemala. O quien busca turismo de playa en Belice puede que también decida visitar el sitio arqueológico de Tikal, o la ciudad colonial de Antigua en Guatemala. Además, hay que tomar en cuenta que la visita a un país de la región también contribuirá a reforzar las posteriores hacia países vecinos, pues el turista adquiere una primera experiencia. De ahí que desde el punto de vista intertemporal también habría que concebir como complementario el turismo en Centroamérica.
Otra característica regional del turismo es que es una industria que se presta mucho para el desarrollo del consumo nacional y regional. Esto quiere decir que las instalaciones también pueden canalizarse para que sean utilizadas por turistas del país respectivo y de los países vecinos durante sus días festivos. Esto es de particular relevancia ante períodos de crisis como el actual, pues los flujos internos pueden ayudar a compensar las caídas que se producen en el turismo externo. En otras palabras, en tiempos de crisis se puede acentuar esta faceta, similar a la sustitución de importaciones, solo que aplicada a la sustitución de turistas extranjeros por nacionales y regionales.
La existencia de polos turísticos importantes en Centroamérica no garantiza, sin embargo, que los clusters turísticos estén funcionando de manera apropiada. Ahí se podría deducir que radica la principal debilidad del sector turístico en Centroamérica. El atractivo de playa, arqueológico, cultural o ecoturístico, que tiende a motivar un gran interés en los extranjeros, no va de la mano con los avances de los países en cuanto a idoneidad de carreteras, prestación de seguridad pública o ampliación de servicios conexos.
Desde que el INCAE/Harvard lanzaron en los noventa la tesis de los clusters en Centroamérica, mucho se ha escrito sobre la necesidad de concebir al sector de manera integral, procurando que todos sus engranajes se encuentren coordinados y tiendan a mejorarse. Sin embargo, hasta la fecha, todavía hay que reconocer que en la mayoría de los países se producen serias limitantes, lo que redunda al final en un ingreso menor de turistas y en un gasto diario per cápita relativamente modesto.
Otra debilidad importante del turismo, y por lo cual la región no puede apostar por el turismo como único motor del desarrollo, es la volatilidad que tiene respecto a las inestables condiciones internacionales. Aparte del impacto de la crisis internacional, también hemos sido afectados por las secuelas que en su momento se dieron del 11 de septiembre. Crisis políticas pueden llegar a secar el flujo del turismo, que si bien se corrigen en el mediano plazo, pueden provocar serios efectos en el empleo y en la actividad económica en el corto plazo.
El mundo en desarrollo está repleto de estos ejemplos. Cuando Sendero Luminoso emprendía acciones terroristas en Perú, afectaba el turismo en Perú y en Ecuador. El turismo hacia Egipto también se ha visto afectado por acciones terroristas de fundamentalistas musulmanes.
Otro riesgo para Centroamérica es la vulnerabilidad ambiental del istmo, tanto a fenómenos telúricos como climáticos. Terremotos han asolado la mayoría de países en las últimas décadas. Más frecuente serían los huracanes que abaten desde el Caribe, y que cada año amagan con provocar una nueva devastación en alguno o varios de los destinos. Los terremotos y los huracanes representan un paro instantáneo y casi absoluto al turismo; estado de postración del cual toman meses poder recuperarse.
El turismo también es una industria que presenta una estacionalidad muy marcada. |
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La Gráfica evidencia cómo el turismo receptivo a nivel mundial (un patrón similar se da para Centroamérica) comienza a aumentar a partir de marzo, llegando a su punto máximo en julio y agosto, y volviendo a declinar hasta tocar fondo en noviembre, temporada baja que se prolongaría hasta febrero. |
Esta estacionalidad, marcada por el verano de los países industrializados del hemisferio norte, es un fenómeno con el que nuestros sectores tienen que convivir. Sin embargo, es cierto que obliga a que los países mantengan la flexibilidad necesaria; esto es importante en el tema laboral, pues los empresarios del sector tienen que disponer de la facultad para poder contratar mano de obra temporal, para operar en horarios más largos durante la temporada alta, y para despedir personal en las temporadas bajas. Es decir, el turismo es la industria paradigmática de la flexibilidad laboral.
Esta industria, contrario a otras actividades económicas que a veces provocan reacciones ideológicas contrarias por sectores de izquierda (la banca, la maquila, la minería), ha logrado después de su implementación por varias décadas en la región, un amplio respaldo a través del abanico ideológico.
El turismo tiende a figurar como actividad prioritaria en los programas de gobierno de partidos políticos de derecha, centro o izquierda, por lo cual casi no conoce barreras partidarias, y prácticamente todos reconocen su valioso aporte a la generación del PIB, de divisas y al empleo.
En sus inicios en Latinoamérica –hacia los sesenta- generó cierta polémica, ya que hubo quienes argumentaban que el turismo provocaba “contaminación” por parte de cultura exógena, que iban en detrimento de las culturas locales. Sin embargo, estos prejuicios que se manifestaron con la emergencia del movimiento hippie, pronto fueron desplazados, y se reconoció que, incluso desde el punto de vista antropológico y sociológico, el contacto de los habitantes centroamericanos con visitantes extranjeros generaba más resultados positivos que negativos.
En síntesis, no cabe duda de que el turismo es una solución importante para confrontar el atraso económico y social que todavía presentan los países de la región. El mismo contribuye a la actividad económica, genera empleo, permite el ingreso de divisas, facilita el contacto con otras culturas, entre otros beneficios. No obstante, tampoco puede llegar a ser la panacea a todos los males que afligen a Centroamérica. Su talón de Aquiles es su vulnerabilidad a shocks exógenos de índole económico o político o regional de naturaleza ambiental.
En ese sentido, el turismo está llamado a ser uno de los motores del desarrollo en la región, pero estaría muy distante de ser “el motor del desarrollo”. Es preciso que la región también tenga la capacidad de consolidar otros sectores.
Asimismo, no se deben levantar falsas expectativas en todas las comunidades. Si bien el turismo puede ir más allá de las principales atracciones para los visitantes y abarcar nuevos destinos, también hay que reconocer que el grado de difusión hacia otros lugares dentro de los mismos países resulta una tarea sumamente ardua. La naturaleza, la historia o la cultura generaron los principales destinos; los demás precisan de una ingeniería humana que puede implicar numerosos recursos y mucho tiempo. |
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