Aunque reconoce que las fuerzas ya no son las mismas que en sus años de juventud, don Carlos considera que en la actualidad el turismo debería mercadearse como en el pasado, tocando puertas y haciendo amigos.
“Los mayoristas que venían a Costa Rica, llegaban a mi casa, almorzaban y compartían con mi familia y los trataba como uno de ellos, algo que fue positivo pues se convirtieron en amigos leales; mientras que ahora todo es por correo electrónico”, sostuvo Salazar.
Su vinculación con la industria “sin chimeneas” surgió mientras vivía en los Estados Unidos. En ese país trabajó en un medio de comunicación; y como parte de su quehacer estuvo en contacto con los editores de suplementos dominicales los cuales cubren destinos turísticos, y de ahí sintió la necesidad de aventurarse en esa actividad.
A su llegada a Costa Rica se dio cuenta de que el turismo era incipiente, “virgen”, y que muy pocas personas se dedicaban al mismo. Pese a ello empezó a trabajar en Blanco Travel Service con la ventaja de dominar el inglés, pero con un escaso conocimiento de Costa Rica.
Para 1971 los únicos destinos turísticos lo componían la ruta hacia el Volcán Poas e Irazú y el City Tour el cual dista mucho de lo que es en la actualidad, pues en ese entonces había pocos sitios de alojamiento.
Fuera del Área Metropolitana, la situación era similar; en Playas del Coco había cabinas pero no eran aptas para el turismo internacional; en Jacó se carecía de una carretera y Tamarindo apenas se estaba constituyendo.
Pese a las dificultades, Salazar lejos de desanimarse, se empeñó más, inicialmente con una microbús y unos pocos pasajeros empezó a tomar bríos en esta actividad.
Su facilidad para hacer amigos contribuyó a crear alianzas con otros empresarios del ramo. Precisamente, el conocer a don Tony Hamilton qdDg, quien fuera gerente de ventas de Lacsa en Miami en ese entonces, le permitió escalar en la industria turística.
“Tony Hamilton es para mí la persona que descubrió a Costa Rica, era una persona con muchos contactos y me invitó a trabajar con una empresa que fundó en Costa Rica llamada Pathfinder Tour, mayorista que nos dio mucho volumen de turistas”, comentó Salazar.
El negocio comenzó a crecer como espuma cuando también hizo amistad con los representantes de la aerolínea Panamerican la cual empezó a traer nuevos visitantes al país. La llegada de más turismo deseoso de conocer Costa Rica provocó que los empresarios de la época buscaran más alternativas de destinos.
Don Carlos recuerda cuando inventaron el “Jungle Tour” en Limón. Los vagones fueron decorados y en cada viaje se contaba con un trío de música Calipso. También se empezó a llevar turistas a Sarchí para que conocieran el proceso de diseño de las carretas.
De la mano con la llegada de más visitas, los hoteles proliferaron tanto en la capital como en zonas costeras, un ejemplo es el emblemático Tamarindo Diriá, entre otros.
Para 1978 don Carlos asumió un nuevo reto profesional al entrar a laborar al hotel Cariari, donde descubrió un mundo del turismo diferente. Su paso por el Cariari estuvo marcado de viajes en busca de turistas de golf y de tenis con el reto de mercadear un país desconocido por muchos.
En sus viajes apostó por invitar a mayoristas y periodistas para que viajaran hacia Costa Rica y conocieran nuestro producto turístico.
En 1982 fue uno de los primeros empresarios en aventurarse a la Feria Mundial del Turismo (Fitur) en España en donde realizó junto con otros colegas el esfuerzo para que los turistas del viejo continente volaran hacia el país.
Salazar reconoce que para esos años la ecología no existía en Costa Rica, sino que surgió producto de la admiración de los visitantes sobre el valor natural que poseía el destino en ese entonces. Fue así como visualizó la ecología como una puerta nueva para el turismo en Costa Rica, pero asegura que la actividad empezó a crecer gracias a los empresarios de ese entonces quienes formaron un grupo fuerte e interesado por promover el país.
“Esos años no fueron fáciles, se viajaba mucho, era cansado y en muchos momentos me sentía sólo en una habitación lejos de la familia y sin poder hacer una llamada porque era carísimo” manifestó Salazar.
Ahora con 66 años manifiesta que su trajín es diferente, su preocupación es salir adelante en medio de una recesión que ha castigado de forma contundente a los hoteles fuera de San José.
“El turismo es muy vulnerable, como tiene picos altos, tiene bajos. Aquellos que han financiado sus proyectos les está golpeando mucho más”, indicó don Carlos.
Para él es en estos momentos de crisis cuando la industria turística local debe replantearse por uno más sostenible y equitativo, es decir crear una estrategia que permita que el visitante permanezca más tiempo en el país y que disfrute de más días en las zonas que descubre.
Por ejemplo, San Carlos, zona donde vive, no sólo es conocida por la gran cantidad de oferta turística sino también por ser una de las localidades de mayor dinamismo en la producción ganadera y agrícola, razón por la cual requiere de mejores condiciones de infraestructura vial.
También considera que en materia de promoción turística se debería invertir más recursos y evaluar los resultados de cada acción que se lleve a cabo.
El talento de don Carlos para establecer lazos de amistad y ser un gran anfitrión son sus características innatas.
Junto a este pionero del turismo es posible conversar, mantenerse maravillado con sus anécdotas y perder la noción del tiempo. |