AÑO XXV NUM. 139 / MARZO - ABRIL 2010______ 12-May-2010 10:18
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_____Revista Oficial de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo
 
Contenido
INVESTIGACION Y ANALISIS

Potencial turístico
de la provincia de Limón


Arq. Alberto Salas Roiz
Arquitecto y consultor turístico
Consultoría contratada por la Administración de Desarrollo
Departamento de Promoción y Turismo de JAPDEVA
Informe de Caracterización de la Región Huetar Atlántica.


Lea también del mismo autor en la edición 135: Turismo interno, oportunidad para mantener el destino
Limón es una provincia que ha sido bendecida con una naturaleza exuberante y variada, además de componentes histórico-culturales que la diferencian del resto de Costa Rica, lo que se traduce en un gran potencial para el desarrollo turístico. Durante décadas se mantuvo bastante aislada geográficamente pues solo el ferrocarril permitía los viajes que la conectaban con el resto del país. Después de la construcción de la carretera por la ruta de Turrialba se abrió la posibilidad de diversificar el desarrollo económico, basado hasta entonces por muchos años solamente en productos agrícolas tradicionales como el cacao y el banano, explotados por compañías transnacionales.
Entonces se ampliaron las actividades del puerto de Limón y se construyó otro en Moín, que ha sido utilizado mayoritariamente para la exportación de productos agropecuarios tradicionales -además del banano- como café y carne, así como nuevos no tradicionales como piña, palmito, flores, plantas ornamentales y otros. Desde que se construyó la carretera por Guápiles (conocida como Ruta 32) se han diversificado más las actividades productivas de la provincia, entre ellas la actividad turística que ya tenía cierta presencia en la década de los 80´s, sobretodo en la parte norte del litoral (Barra del Colorado, Tortuguero y Parismina), en el Puerto de Limón (con la llegada de cruceros) y también en el litoral sur (las localidades de Cahuita y Puerto Viejo de Talamanca).

Costa Rica experimentó a partir de finales de los 80´s un boom de crecimiento del turismo que se caracterizó por picos muy altos tanto en la demanda como en la oferta, produciéndose aumentos de hasta 22 % y 33 %, respectivamente, en 1992.

Limón no ha sido la excepción puesto que ciertas localidades turísticas como Tortuguero y la zona costera entre Puerto Viejo y Gandoca-Manzanillo han visto multiplicarse las habitaciones de una forma muy acelerada en los últimos 15 años. No obstante este crecimiento de oferta experimentado, es muy importante acotar que existen marcadas diferencias entre Limón y las otras dos provincias del Pacífico costarricense, Guanacaste y Puntarenas, en las cuáles este crecimiento desmedido ha llevado a extremos de construcción masiva de habitaciones hoteleras -pero sobretodo de no hoteleras, de carácter inmobiliario- en algunas localidades turísticas como El Coco, Flamingo, Tamarindo, Jacó y Manuel Antonio, poniendo en riesgo ecológico la capacidad de los recursos naturales (disponibilidad de agua y energía, impactos por desechos sólidos, disposición de aguas residuales, etc.).

La provincia de Limón, probablemente debido a sus características particulares de carácter climático y socio-cultural, no ha tenido la misma suerte en acoger un esperado crecimiento turístico con una supuesta bonanza económica aparejada a la actividad turística como la mayoría de la población percibe que sí ocurre en los casos de las otras dos provincias costeras.

No obstante a nuestro criterio esto no es así, pues hasta en programas de investigación de gran prestigio en el país, como el Estado de la Nación, se ha demostrado que aún con toda gran inversión turística recibida en dichas provincias, no se han revertido los tradicionales niveles de pobreza, y lo que es peor aún más, se ha incrementado mucho la desigualdad social. En ese sentido, esta desventaja nominal en el caso de Limón, que ha recibido mucha menor inversión turística, paradójicamente podría dar lugar a tener un modelo de desarrollo turístico más sostenible.

La mayoría de las empresas turísticas califican como microempresas (una estimación muy empírica podría ser de un 65 %), en segundo término están las pequeñas (quizás un 25 %) y el restante puesto corresponde a las medianas (10 %), destacando que en Limón no existen empresas que puedan calificarse como grandes (por ejemplo hoteles de más de 100 habitaciones).

La mayoría de empresas de hospedaje son propiedad de nacionales -o en su caso, de extranjeros residentes en el país-, que distribuyen mejor la riqueza a nivel local o regional. La inmensa mayoría de las empresas gastronómicas también son de propiedad de nacionales -inclusive de locales-, en muchas de las cuales se procura mantener tradiciones culinarias del Caribe costarricense.

Existe en la provincia una red de micro y pequeños transportistas turísticos y no turísticos (que realizan viajes especiales, entre ellos algunos turísticos), lo que contribuye a mantener muchas familias limonenses. Buena parte de las artesanías que se venden al turismo son elaboradas en la región, ya sea por artesanos/as locales o por indígenas de las reservas cercanas. Se ofrecen también –sobre todo a los excursionistas de cruceros- otros servicios como masajes, tratamiento de cabello, etc. y siempre por personas nacionales y locales; la generación de empleo es mayoritariamente hacia gente de las localidades, quizás con la excepción de la zona de las barras, en la cual hay mayoría de mano de obra nicaragüense inmigrante.

Ya existen empresas de la provincia compitiendo muy bien con otras del Valle Central en la atención especializada del segmento de excursionistas de cruceros, con lo cual la riqueza se queda en la región.

Un análisis rápido de esta descripción supone que este escenario implica una mayor derrama económica local y regional, así como también menores impactos en lo ambiental y lo social (aún entendiendo que Limón históricamente ha vivido una compleja situación social, que es muy ajena a la situación turística, la cual llegó a la provincia hace un cuarto de siglo). No obstante, tampoco se puede afirmar que el turismo sea una actividad que esté actuando como un factor de disminución de pobreza (esto no ha sido medido con la precisión de otras zonas del país), pero en nuestro criterio si ha sido un elemento que contribuye a mediatizar y disminuir los efectos más nocivos de las crisis económicas.

Particularmente esto se puede observar en ciertos lugares en donde la actividad turística tiene fuerte presencia, en las barras del Caribe Norte (Colorado, Tortuguero y Parismina), donde se ha dinamizado la economía y el empleo local gracias a la actividad turística, evitando mayores problemas aún en tiempos de crisis turística como se vive hoy.

En Cahuita y alrededores, que hace más de una década había caído en una etapa de decadencia por problemas de carácter social (delincuencia, drogas, prostitución), donde gracias al impulso turístico de los últimos años, sumado al empuje y la voluntad de grupos de la sociedad civil se ha empezado a recuperar terreno.

En las zonas indígenas de Talamanca, donde algunas organizaciones comunitarias han tomado liderazgo para convertir el turismo en una actividad económica complementaria a su tradicional modo de producción artesanal en labores agropecuarias. En las cercanías de algunas cabeceras de cantón (Guápiles, Guácimo, Siquirres y Matina, inclusive Limón), que han surgido iniciativas de mipymes turísticas locales (transportes acuáticos, actividades temáticas, restaurantes típicos, mariposarios, hospedajes rurales -merece destacarse el caso de las fincas agroecoturísticas de La Argentina de Pocora-, tours de agroturismo, etc.

Finalmente, y no menos importante, la dinamización experimentada por el sector de hospedaje de pequeña escala, dirigido a segmentos no necesariamente de turismo receptivo, como son los agentes de ventas y los funcionarios de entidades públicas y privadas que visitan la región; esto es particularmente relevante a lo largo de las localidades situadas en torno a la carretera San José-Limón como también de otras en el área de influencia de Guápiles, que funciona como un verdadero centro de desarrollo regional en la provincia (el caso de la localidad de Cariari, Caribe Norte, las tres barras principales (Colorado, Tortuguero y Parismina). Como se ha dicho antes, esta zona del litoral, caracterizada por la predominancia de los elementos naturales acuáticos como ríos (Colorado, Tortuguero, Parismina, Pacuare, Matina), canales (de Moín a Colorado), lagunas (Urpiano, Madre de Dios, Jalova, Penitencia, Samay, Agua Dulce) y caños (California, Negro, Blanco), combinados con las barras producto de la sedimentación de los ríos (donde se asientan pueblos como Colorado, Tortuguero y Parismina), constituye un verdadero destino turístico que ofrece como productos combinados la pesca deportiva, la observación del desove de las tortugas verdes, la observación de flora y fauna, la observación del paisaje, los paseos en lancha y las vacaciones activas.

Hay una gran diversidad de planta turística, caracterizada por: Algunas empresas de mediano tamaño -los lodges-, que apuntan más al turismo internacional (ejemplos de ellos Tortuga Lodge, Pachira Lodge, Mawamba Lodge, Evergreen Lodge, Turtle Beach Lodge, etc. en Tortuguero; Silver King Lodge, Río Colorado Lodge y otros en Colorado y Río Parismina Lodge en su río homónimo.

Pocas empresas de pequeño tamaño, caso del Hotel Miss Junie, en Tortuguero, que ha venido modernizándose y mejorando con los años. Muchas microempresas de hospedaje (las llamadas cabinas populares), que en su mayoría se ubican en los centros de población, y que se caracterizan por apenas ofrecer un mínimo de comodidad a los viajeros, los cuáles suelen ser una combinación de mochileros con turistas nacionales. Mapa del área de Tortuguero, en el que se aprecian los principales elementos que constituyen atractivos (el cerro, el río, la barra, los canales y el pueblito).

También hay una gran diversidad de atractivos, siendo los principales el Parque Nacional Tortuguero, el Refugio Nacional de Vida Silvestre Barra del Colorado, y La Reserva Forestal Pacuare.

En lo referente a planta turística justamente es en el campo que mayor avance y evolución presenta este corredor turístico. Ya existe una buena gama de alojamientos a lo largo de todo el corredor, desde hoteles de ciudad equipados con salones para eventos, canchas deportivas, áreas de entretenimiento, etc. (el caso de hoteles como Suerre y Talamanca Pococí, en Guápiles), hasta posadas rurales como las de La Argentina de Pocora, en el cantón de Guácimo, pertenecientes a una red de turismo rural comunitario, apoyado por la EARTH, pasando por múltiples opciones de hospedaje en albergues campestres, cabinas, bed & breakfast y demás modalidades.

Prácticamente no hay localidades de cierto nivel de importancia demográfica y económica sin alguna opción de alojamiento. Las alternativas para comer son muchas, desde restaurantes de calidad turística reconocida por el ICT (Ellis Café y Gavilanes, en Siquirres y Guápiles), hasta otros con reconocidos méritos gastronómicos (Rancho Robertos, La Ponderosa, El Campesino, Remembranzas y El Surá, en Pococí; Caribbean Dish y Pacuare, en Siquirres), así como múltiples soditas y cafeterías. También hay sitios de artesanías y souvenirs, muebles rústicos y otros artículos de interés de los viajeros (frutas, flores, plantas, etc.) a lo largo de la carretera.

Paradójicamente, la ciudad de Limón, pese a ser la capital provincial, el principal puerto del país y una comunidad con gran historia y crisol cultural, no ha sido considerada como un verdadero destino turístico, con la excepción de ser puerto de toque de algunas compañías de cruceros que viajan por el Mar Caribe, recorriendo puertos en distintos países.

Limón cuenta con ciertos atractivos de su arquitectura con fuerte influencia de la época victoriana, así como con tradiciones propias de la cultura afrocaribeña anglosajona predominante, que incluyen manifestaciones en los campos de las artes, las tradiciones culinarias, las creencias religiosas, la música y los movimientos sociales y políticos. Las actividades turísticas en todos estos años se han limitado casi de manera exclusiva a la recepción de la llegada de cruceros a los muelles de Limón y Moín -el principal producto turístico que se ofrece-, y a la atención de esporádicos visitantes extranjeros que suelen ir de paso hacia los sectores costeros del norte o del sur, y por último, cuando hay eventos y festividades importantes como el Carnaval, que tiene ya una imagen tradicional.

Sin embargo, durante los últimos años han empezado a surgir alternativas asociadas al turismo de aventura en las zonas aledañas, esto incluye lugares como Bocuare -en Valle de la Estrella-, Brisas de la Jungla y Veragua -en Liverpool- y las franjas costeras hacia la boca de los ríos Matina, Banano y La Estrella. Las opciones de alojamiento en la ciudad siguen siendo casi las mismas de antes, quizás con la excepción de la reincorporación del Hotel Happyland, en la zona cercana a Moín (cerrado por mucho tiempo) y la ampliación del Hotel Cocorí, en playa Bonita; pero en las cercanías se han agregado el Hotel Playa Westfalia y desde hace varios años la remodelación del Hotel Colón Caribe (antes Club Campestre Cahuita), Bocuare Jungle Adventure y Río Bananito Lodge, en el área cercana del Valle de la Estrella.

En materia de establecimientos de comidas se han dado más que todo remodelaciones de viejos restaurantes en la zona de playa Bonita, pero sigue la ciudad sin opciones de buena calidad y de calidad turística, predominando la presencia de muchas sodas y pequeñas cafeterías. En lo relativo a los atractivos turísticos, aparte de las playas conocidas (Bonita, Piuta, Westfalia, Vizcaya, Moín), del RVS Limoncito y del Parque Recreativo Cariari, en Portete (por cierto, muy deteriorado), se han agregado ciertos lugares de interés como Veragua Rainforest Research & Adventure, Bocuare Jungle Adventure, Brisas de la Jungla, Aviarios del Caribe. El sector costero al sur del río La Estrella, en el cantón de Talamanca es sin duda alguna la zona más buscada para el disfrute del ambiente auténticamente caribeño; el principal producto es el tradicional sol-mar-playa, pero debido a la variabilidad del clima, suele estar matizado por la lluvia, lo que permite que la playa se amalgame con el bosque, y esto le da un toque muy especial a las vacaciones, pues así se combinan otros productos como los deportes de agua (buceo, snorkel, surf) con ecoturismo (observación de flora y fauna).

Varias playas de este litoral cuentan con el reconocimiento de Bandera Azul Ecológica, lo cual es garantía de buenas condiciones ambientales para los visitantes. La principal localidad turística que surgió en la zona fue Cahuita, que empezó a recibir visitantes desde finales de los años setenta y principios de los ochenta, cuando se popularizó el parque nacional del mismo nombre.

Después el movimiento turístico se fue desplazando al sureste, encontrándose una diversidad de playas de variada morfología y paisaje, entre Puerto Viejo y la desembocadura del río Sixaola. El desarrollo turístico de esta zona del Caribe Sur contrasta con los modelos típicos de sol-mar-playa del Pacífico Norte y Medio, en los cuáles las construcciones suelen ser grandes y masivas, rompiendo el equilibrio del paisaje.

Acá la mayor parte de las edificaciones son pequeñas y se han adaptado muy bien al entorno, se han construido usando mucho las tipologías arquitectónicas del Caribe (el llamado bungalow victoriano, muy a menudo sobre pilotes, dejando el terreno libre de obstáculos para la vegetación y la fauna), lo cual le da al producto turístico en sí un valor agregado, pues los visitantes también disfrutan esa ventaja de sentirse inmersos en el bosque y a la vez tener la playa a corta distancia.

Una razón de peso también son las estrictas regulaciones establecidas por el plan de manejo del Refugio Gandoca-Manzanillo, para aquellas empresas ubicadas en dicha área protegida. Por razones como las anteriores también se han incorporado en los últimos años pequeñas empresas que han explorado nuevos nichos de mercado, como el de holística y lunas de miel. Para la atención del primero de ellos ya existen ciertos establecimientos que se precian de recibir grupos especializados como es el caso de Samasati, La Diosa, Azania, entre otros; para el segundo nicho hay muchas posibilidades, empezando por como Le Cameleón (un exquisito boutique), Cariblue, Casa del Mango, Casa Marcellino.

En relación con la planta turística: Las opciones de alojamiento en todo este sector costero son muchas y variadas, desde hoteles-boutique de lujo (tipo Le Cameleón), hasta albergues muy rústicos que reciben backpackers, pasando por alternativas diferentes como los tent-camp (tipo Almendros & Corales), apartamentos (tipo Villas del Caribe, Agapi, Costa de Papito y otros), cabinas para surfos (tipo Salsa Brava), albergues ecológicos (Shawanda, Kúkula, Kashá, Colibrí) y los tradicionales de playa (Suerre Caribe, Casa Camarona, Escape Caribeño, Yaré, Kaya´s Place, etc.).

No obstante de que las empresas de acá están menos organizadas que las del Caribe Norte (los grandes lodges), en el sur se capta levemente mayor demanda turística, y está mejor distribuida, puesto que el promedio de habitaciones por establecimiento es menor. Algo importante de destacar es la presencia de un turismo mayoritariamente de origen europeo, a diferencia de otros destinos del país donde predomina el norteamericano. En lo relativo a los atractivos turísticos se mantienen los tradicionales, el Parque Nacional Cahuita, Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca- Manzanillo, la Reserva Indígena Cocles y la Reserva Biológica Hitoy Cerere. Talamanca étnica-cultural (incluye Bri-Brí, y su área de influencia geográfica: Yorkín, Watsi, Bratsi, Suretka, Shiroles y Bambú).

Esta área turística es de más reciente conformación como unidad turística, pues las actividades del turismo han llegado a esta parte del cantón de Talamanca como complemento de lo que se ofrece en la zona de la costa, pero también como actividad productiva como parte de la reconversión que se ha estado implementando en las comunidades indígenas para mejorar su nivel y calidad de vida, aprovechando los beneficios que deja el turismo.

En ese sentido, el producto turístico ofrecido es el de etno-turismo, en la modalidad comunitaria mayoritariamente, pero también asociado al agroturismo, al ecoturismo y al turismo de aventura. La interacción con las comunidades indígenas es una experiencia de gran enriquecimiento cultural en el cual se produce también un encuentro no solo entre dos modos de vida (modus vivendi) sino también entre dos visiones del mundo, pues la cosmogonía e idiosincrasia de los indígenas es muy distinta al enfoque del llamado mundo occidental.

Las opciones de alojamiento en la Talamanca indígena no son muchas pero si muy interesantes y sobretodo innovadoras, con albergues muy rústicos de tipo comunitario, que reciben backpackers, grupos de estudiantes -nacionales y extranjeros- y grupos de turismo étnico-cultural (los casos de Finca Educativa, Ditsöwö Ú y Stibrawpa). En materia de establecimientos de comidas hay algunas opciones para probar los platillos indígenas a base de pescados, carnes ahumadas, palmito, yuca, plátano, pejibaye, etc. Hay asimismo pequeños locales de artesanías auténticas de las manos indígenas, con innovaciones importantes como las que ofrece Tsirushka, una empresa comunitaria de la Asoc. Comisión de Mujeres Indígenas de Talamanca (Acomuita), que trabaja el chocolate orgánico. En lo relativo a los atractivos turísticos se mantienen el Parque Internacional La Amistad, Las Resevas Indígenas Talamanca-Cabécar, Kekoldi y Tayní, donde viven aproximadamente unos 40 mil indígenas de las etnias cabécar y bribri, La Reserva de la Biosfera La Amistad-Caribe, y los ríos navegables de la zona.

 
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