El sitio especializado en guías de turismo, “Rough Guides”, publicó recientemente su lista de los cinco destinos emergentes para el 2010 y en el primer párrafo del reporte dice textualmente lo siguiente:
“Costa Rica fue alguna vez la preferida de los visitantes de Centro América, pero el desarrollo excesivo en el país ha conducido a precios inflados y experiencias decepcionantes para los visitantes”.
Tal afirmación desde luego que causa preocupación a nuestro sector turístico, acostumbrado a los buenos comentarios de la mayoría de los turistas que visitan el país, punto que se refleja en los resultados de la última encuesta de percepciones del Instituto Costarricense de Turismo. Sin embargo, más que un agravio a los que trabajamos en esta industria, la descripción que nos endilga el autor de la guía nos viene a confirmar que Costa Rica es ya un producto turístico maduro, al menos para nuestros mercados más importantes.
Para poner el tema en perspectiva es importante que tomemos unas líneas para describir las “Rough Guides” y su lista. El nombre en sí de la guía nos dice que se trata de un producto sobre destinos menos tradicionales, de ahí el adjetivo “áspero” (Rough) y, según la descripción que encontramos en Wikipedia, inicialmente dirigido a los viajeros de bajo presupuesto, aunque hoy en día se afirma que incluyen destinos y actividades para una amplia gama de niveles socio económicos.
Por otro lado, la lista en si es de destinos emergentes, o sea, nuevos, de poca visitación, o que están volviendo a salir y ponerse de moda.
Costa Rica difícilmente califica ahora como novedoso y fuera de lo común. Tomando en cuenta lo anterior, cabe cuestionarnos entonces si Costa Rica, como producto turístico, está en la etapa de madurez de su ciclo de vida y, como consecuencia, si el tipo de turista es distinto al de hace algunos años.
De ser esto cierto, debemos revisar nuestras estrategias de mercadeo y ajustarlas a los nuevos requerimientos del consumidor tomando en cuenta que ya no se trata de personas que buscan constantemente la novedad, que están dispuestas a asumir ciertos riesgos, y ser hasta algún punto más permisivos con ciertos errores en la atención y servicio. Ya no nos podemos presentar como un destino desconocido, exótico y poco visitado.
Los turistas que vienen de países como Estados Unidos, Canadá, México y España ya no pueden regresar a sus casas diciendo que estuvieron en un país que ninguno de sus vecinos ha visitado antes. Por el contrario, muchos vienen justamente porque algún vecino, amigo o conocido se lo ha recomendado.
¿Es malo no ser considerado ya un destino emergente y fuera de lo común? La respuesta depende de nuestras acciones y como nos comuniquemos con el mercado. El reto para cualquier producto que está en etapa de madurez es justamente lograr mantenerse ahí y no llegar al declive.
Más bien, esta etapa puede ser la más rentable y exitosa para el país y para los distintos proveedores de servicios turísticos que tenemos relación con esta industria siempre que sepamos mantenernos vigentes. Es importante la innovación constante de nuestro producto para lograr la compra repetitiva, el hacer las cosas distintas a nuestros competidores para mantener el atractivo de visitarnos, y no olvidarnos de las exigencias de un comprador acostumbrado a crecientes niveles de comodidad y servicio.
Tenemos la ventaja de no tener que darnos a conocer en ciertos mercados empezando desde cero, por lo que nuestras estrategias de comunicación deben basarse en la premisa de que el destino ya se conoce enfocándonos en dar más información sobre los distintos atributos del producto. Ya no hay que decir donde está Costa Rica, sino que es lo que se puede hacer y porqué es que lo debemos visitar.
Podrá no ser nuestro país un destino emergente, pero si puede seguir siendo vigente y mantener altas tasas de visitación.
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