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REVISTA OFICIAL DE LA ASOCIACION COSTARRICENSE DE PROFESIONALES EN TURISMO |
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"EDICION
83" EDITORIAL
EL DETERIORO DEL PRODUCTO TURISTICO
COSTARRICENSE |
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Después
de un crecimiento continuo y elevado en los índices de afluencia de
visitantes extranjeros a Costa Rica, hemos experimentado en los ultimos aňos
un estancamiento o, en el mejor de los casos, solo un aumento moderado en el
número de turistas llegados al país. Es
desconcertante para los empresarios turísticos ver que sus esfuerzos no
rinden los frutos esperados. Estableciendo
una distinción clara entre el “producto turístico particular” y el
“producto turístico nacional”, quizás podamos comprender mejor las
causas del problema y anticipar algunas posibles soluciones. Es
claro para todos que nuestro producto turístico particular ofrece atractivos de calidad mundial, de una enorme
diversidad y creatividad. Solo pensemos en la cantidad de hoteles grandes y
pequeňos que ahora existen, así como la variedad de tours que se
ofrecen actualmente al visitante. Sin
embargo, nuestro producto turístico nacional,
es decir, lo que Costa Rica como país ofrece al turista ha sufrido
un grave deterioro en los ultimos aňos. Cuando
la empresa privada unió sus esfuerzos a los del Estado en la década de los
ochenta para definir el producto turístico nacional y lanzarlo al mercado
mundial basamos el concepto en tres puntos de apoyo fundamentales: la
naturaleza exhuberante de Costa Rica, la tranquilidad del país, y la
calidez de su gente. A
pesar de un producto turístico particular incipiente (pocos hoteles y
tours), y recursos económicos limitados en publicidad y promoción, y en
medio de una guerra centroamericana, pudimos con mucho trabajo e idealismo
posicionar a Costa Rica como
uno de los más atractivos destinos turísticos del mundo. El
éxito alcanzado permitió el desarrollo acelerado de la oferta turística
particular, por parte del sector privado, hasta alcanzar los niveles
actuales. Que
ha cambiado entonces en esa oferta nacional, desde los ochenta?.
La belleza natural de Costa Rica sigue ahí, pero existe ahora un
marcado deterioro ambiental. La tranquilidad del país se ha perdido, y la
calidez del costarricense es ahora la excepción. Esta
inconsistencia en lo que decimos ser, y lo que en realidad hemos llegado a
ser como país, crea la percepción en el visitante de que estamos
promoviendo un concepto falso del destino. No importa cuán buena sea la
oferta turística particular, si el destino no es atractivo en su globalidad,
los visitantes irán disminuyendo paulatinamente, dejándonos con hoteles
vacíos, infraestructura sub utilizada y operadores sin nada que hacer. Los
esfuerzos que hacemos en preservar la naturaleza se vienen al suelo al igual
que los árboles del bosque que se tala ilegal y legalmente a vista y
paciencia de todos en la Península de Osa, en la región del Caribe Sur, y
en lo que queda en las llanuras del norte. Quien observe la Gran Area
Metropolitana a las 7 de la maňana de un día cualquiera, cubierta por
un manto de contaminación de las emanaciones de los vehículos (todos con
su ecomarchamo al día) y de las fábricas, o vea desde las colinas de Punta
Leona en el horizonte la mancha de porquería que vomita el Tárcoles
en el Pacífico Central, no puede jamás creer que Costa Rica es un país
conservacionista en verdad. Y
si aún quisiera el visitante darnos el beneficio de la duda, sus
interrogantes se despejarían con solo mirar las orillas de las carreteras
no solo en las zonas rurales sino en la propia mal llamada autopista que lo
conduce al aeropuerto, que más que una peligrosa carretera es un coliseo
lineal tico en donde los gladiadores son ahora los conductores que dan
rienda suelta a su agresividad a más de ciento veinte kilómetros por hora. Será
afortunado el turista que no sufra en carne propia un robo, si no daños mas
graves, compartiendo con nosotros los costarricenses que ya en mayoria hemos
sido victimas de la inseguridad del país y de la impunidad de los
malhechores, de cuello y corbata o de camisa deportiva y tennis. A
estas verdades amargas debemos sumar un exceso de oferta en infraestructura
hotelera no planificada, el desmantelamiento de los mecanismos de promoción
del Instituto Costarricense de Turismo, convertido en nuestro Cabo Kennedy
para lanzar al espacio político a los aspirantes a mejores puestos públicos,
la desaparición de una aerolínea nacional dependiente del fomento turístico
y el incremento de las tarifas aéreas en condiciones semi monopolísticas,
a pesar del aumento en la oferta de transporte,
la falta de consistencia de las campaňas publicitarias y
promocionales nacionales, y el incremento en el costo de la estadía y del
país en general, así como la aparición de nuevos destinos de ecoturismo
en países que buscan explotar el mismo nicho que había encontrado Costa
Rica ,por lo que no es sorprendente que el turismo no crezca a un ritmo
razonable. Todos
estos elementos negativos no son compensados por aspectos positivos como el
parcial rescate de la red vial, el mayor gasto en publicidad por el ICT, el
aumento en los servicios de transporte aéreo y marítimo, la ampliación de
la infraestructura hotelera y la diversificación de los atractivos. Cada
uno de estos factores debe ser analizado a profundidad. Solo conociendo a
fondo cada una de las causas del problema se podrán plantear soluciones
serias e integrales. Todos
los sectores, tanto el estatal como el privado, somos responsables de lo que
hoy está ocurriendo, así como de corregir las cosas. ACOPROT
se encuentra en una posición privilegiada para liderar este proyecto de
diagnóstico y planteamiento de soluciones pues reúne a los más destacados
profesionales en la materia. Con el aporte de instituciones académicas de
gran prestigio, varias de las cuales ya han adelantado valiosos estudios,
nuestra Asociacion puede documentar los parámetros del profundo cambio que
debe dar el país si Costa Rica realmente desea basar gran parte de su
desarrollo futuro en el fomento del turismo. José
A. Giralt |
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