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Al
son de tambores multicolores, indígenas malekus realizan una de sus
tradicionales ceremonias: “Dios, Naturaleza y Hombre”, en la que
piden por la armonía entre el ser humano y la vida silvestre.
Hablan su lengua y visten sus atuendos ancestrales. Lo particular es
que no sólo lo hacen para ellos, sino para un nutrido grupo de
turistas que se ha desplazado desde La Fortuna para presenciar su
ceremonia. |
Pocos
turistas e incluso nacionales conocen que en el país existen 23
pueblos indígenas, algunos de los cuales están dispuestos a
compartir su cultura y su conocimiento.
Es
así como grupos de las etnias bribri, en Talamanca; kekoldi, en el
Caribe Sur y maleku, en la zona Norte, se han abocado al turismo
ecológico y cultural con el objetivo de obtener ingresos que les
permitan mejorar su calidad de vida. Al mismo tiempo, le ofrecen al
turista una oportunidad única de entrar en contacto con la
na-turaleza y con la poco conocida cultura indígena del país.
A
una hora de La Fortuna y a una distancia similar del Refugio de Vida
Silvestre Caño Negro, la Reserva Indígena Maleku recibe
dia-riamente a turistas interesados en conocer la utilización de
plantas con fines medicinales, así como su historia y tradiciones.
Dagoberto
Elizondo es un indígena maleku que al igual que su familia está
involucrado en la atención de turistas. Un área de 9 hectáreas en
regeneración le sirve a Dagoberto como laboratorio natural para
explicarle a los turistas el uso medicinal o comestible que la etnia
indígena hace de cada planta: el hombre grande para la anemia, la
presión alta y como fórmula para combatir el alcoholismo; la
madera del pejibaye para elaborar arcos; la raíz de una platanilla
para fa-bricar tintes naturales; la jamaica y el fruto del pejibaye
para elaborar bebidas; la caña agria para los riñones; y el jícaro
como cantimplora. El recorrido es también un repaso de la cultura
maleku: de cómo el cacao es conside-rado sagrado, el mastate es
usado como velo para las viudas y la madera de balsa es empleado
como un importante material para artesanías. Dagoberto explica con
orgullo: “somos admiradores de la naturaleza, gracias a esta
sobrevivimos”.
| El
recorrido por el bosque descubre también un pequeño cementerio indígena
y un petroglifo. Cerca de allí una muestra de objetos de jade,
metates y esferas de piedra sirve de escenario a más inquietudes de
los turistas. |
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Los
malekus ofrecen el tour de plantas medicinales, la realización de
una de sus ceremonias y un almuerzo por el precio de $35 por
persona. Hay tour operadores que ofrecen un paquete con transporte
incluido desde La Fortuna por $55 por persona. También hay
posibilidad de adquirir artesanías, entre las que sobresalen máscaras,
tambores, cantimploras decoradas y arcos y flechas con precios que
oscilan entre los $15 y los $60.
Para
los turistas que deseen compartir aún más con los indígenas
existe la posibilidad también de hospedaje con familias malekus.
Entre
Costa Rica y Panamá
Al
sureste del país, la región de Talamanca, un destino ideal para
los amantes de la naturaleza, es escenario de otro proyecto indígena
a cargo de la etnia Bribri. La protagonista es la organización indígena
Stibraupa, que en lengua indígena del grupo Bribri significa
“Personas Artesanas”. Esta maneja un proyecto ecoturístico con
cabañas rústicas de techo de suita en la comunidad de Yorquín, a
orillas del río del mismo nombre, en los límites entre Costa Rica
y Panamá.
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“Ahora
nosotros cuidamos la naturaleza más que antes porque no teníamos
ese conocimiento de que lo que tenemos tiene mucho valor”, afirma
Bernarda Morales, presidenta de Stibraupa. Uno de los grandes
beneficios que les ha dejado la actividad turística, señala la
representante indígena, es que les ha permitido a los hombres
quedarse en la comunidad a trabajar en vez de buscar empleo en otros
sitios. También venden sus productos agrícolas y artesanales a los
turistas, con lo que se disminuye el costo de tener que sacar en
bote todos los artículos al mercado más cercano.
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Hace
seis años que la organización recibe turistas, principalmente
internacionales, que realizan una travesía en cayuco, o canoa indígena,
hasta el lugar desde la comunidad de Bambú, en Bribri.
También tienen la oportunidad de caminar por un exuberante
bosque húmedo tropical, bañarse en ríos de aguas límpidas,
conocer los cultivos orgánicos de banano, cacao, plátano y plantas
medicinales, y entrar en contacto con la comida y costumbres de la
etnia Bribri.
| Stibraupa
ofrece un paquete turístico de dos días y una noche con un precio
de $50 por persona, que incluye transporte en cayuco desde Bambú,
alimentación, hospedaje, visita al bosque primario, incluyendo un
sitio de fuentes termales, y a los cultivos orgánicos. El día
adicional tiene un costo de $20. |
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Más
cerca de la costa Caribe y de la comunidad de Puerto Viejo de Limón
el grupo indígena Kekoldi busca conquistar a los turistas con el
sitio más importante en el mundo para la observación de aves
rapaces migratorias, cuyo conteo llega a los tres millones de
ejemplares durante la época de otoño del hemisferio norte. También
ofrecen la oportunidad de conocer sobre la ecología de la iguana
verde, gracias a un criadero que poseen para reintroducir a esta
especie en los bosques cercanos. Los turistas pagan $2US por visitar
el criadero y el dinero es reinvertido en el manejo de las iguanas y
en el apoyo a los estudiantes y personas mayores de la comunidad.
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“La
iguana es un animal que toda la gente caza y nosotros en la
comunidad pensamos que podíamos hacer algo para remediar ese
problema”, sostiene Juana Sánchez, miembro de la Asociación
Kekoldi Wak Ka Koneke, que en su lengua significa “Cuidadores de
la Tierra de Kekoldi”. La
asociación decidió instalar el criadero a raíz de la intensa
cacería y defo-restación provocadas, entre otros factores, por la
pérdida de los cultivos de cacao a causa del hongo de la monilia años
atrás. Hoy el criadero se ha convertido, también, en un proyecto
sostenible, gracias al turismo.
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Para
el avistamiento de aves migratorias la reserva indígena cuenta con
una plataforma y una torre para observación científica. También
posee un área importante de bosque primario y secundario, un área
comunal de reforestación con especies maderables, medicinales,
frutales y plantaciones de palmito, pejibaye y cacao. Se ofrecen
tours con guías bilingües al centro de observación de aves y al
zoocriadero de iguanas y la oportunidad de adquirir artesanías a
base de fibras naturales.
Al
igual que los malekus y los bribri, los kekoldi confían en que el
turismo les ayude a conservar su naturaleza y se constituya en un
medio más de subsistencia y de valoración de su cultura.

| Contactos:
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Alcides
Elizondo (grupo maleku), tel: 836-3197.
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| José
Guerrero, Agencia de Viajes Desafío, La Fortuna, tel: 479-9816. |
Juana
Sánchez, Asociación Civil Kekoldi Wak Ka Koneke,
tel
506/751-0020 corrbioltala@racsa.co.cr. |
Bernarda
Morales, Stibraupa,
tel
506/375-3372, 750-0020, anaicr@racsa.co.cr,
corrbioltala@racsa.co.cr
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Jamie
Carranza, Corredor Biológico Talamanca Caribe,
tel
506/272-2400 o 751-0020, corrbioltala@racsa.co.cr (grupos kekoldi y
bribri).
corrbioltala@racsa.co.cr
(grupos kekoldi y bribri). |
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